Al ver a ese supuesto cómico sonándose
los mocos en ese “trapo” recordé como hace diez años enterraron a un compañero
de promoción asesinado por ETA con ese mismo “trapo” cubriendo su ataúd.
La grave enfermedad que padece nuestra
izquierda es que no se reconoce en su propia nación. Es un hecho único en el
contexto occidental: unas elites de izquierda que niegan su carácter nacional y
apoyan fervientemente a unos nacionalismos fraccionarios que buscan eliminar la
nación común a pesar de que, como el separatismo catalán o vasco, se apoyan en postulados abiertamente racistas y supremacistas y por lo
tanto contrarios a los ideales que esa izquierda dice defender. Ni siquiera
Lenin creyó en los nacionalismos, los utilizó eso si para destruir al régimen
provisional pero una vez alcanzado el objetivo mantuvo la unidad nacional con
mano de hierro.
Escudarse en la sacrosanta
libertad de expresión es tan solo el intento de esconder su profundo odio por
España y por los españoles que se sienten tales. Es el odio que le profesan estos millonarios progres por lo que andan
haciendo gracietas con los símbolos nacionales aunque jamás se sonarían los
mocos o se limpiarían el culo con una señera o una ikurriña y no por falta de
valor sino por algo peor, porque no les sale.
Y digo que lo de la libertad de
expresión es una excusa porque cuando les han llovido las criticas se han
quejado amargamente de… ¡la libertad de expresión de los demás!, algo así como
cuando los escraches eran jarabe democrático hasta que fueron las victimas y el
jarabe se tornó en aceite de ricino.
Y siguiendo el guión establecido,
los líderes locales de la progresía andan rasgándose las vestiduras por las
declaraciones del Consejero de Educación y preocupadísimos por el crecimiento
de esa derecha que ven representada en la bandera. Les salen ronchas cuando ven
a alguien portar una bandera de España en su atuendo personal pero no levantan
un dedo cuando sus aliados separatistas en el derribo de la Nación califican a
los españoles de bestias con baches en el ADN.
Y es que para ellos, siguiendo una
línea propia del falangismo, la patria son las pensiones, las ayudas sociales,
la lucha contra los desahucios... Pero señoras y señores de la progresía, la
patria no es eso, ni es el gobierno de turno, ni es el estado (que es una
construcción político-administrativa), ni es el tipo de jefatura de ese estado,
ni siquiera es la Constitución. La patria es la tierra de nuestros padres y el
amor a esta es el amor a nuestros antepasados, a la fe de nuestros mayores que
diría Machado.
A los noventayochistas les dolía
España y a estos su nombre les produce ictericia. Señores progres no se queden
solo con el Unamuno de la anécdota del enfrentamiento con Millán Astray y
asuman que la mayoría de los ciudadanos de este país se reconocen en las
palabras de ese vasco genial: “soy español, español de nacimiento, de
educación, de cuerpo, de espíritu, de lengua y hasta de profesión y oficio,
español sobre todo y ante todo”
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