lunes, 31 de diciembre de 2018

Al final de la escapada

Como en la película de Godard, todo es huida hacia delante, cada nueva decisión es un nuevo error que acelera los acontecimientos y que desembocará irremediablemente en tragedia al igual que en el film que inauguró la Nouvelle Vague. 
Sánchez y los suyos protagonizan su particular versión de esa huida hacia adelante, atropellada y desnortada, como única respuesta ante el golpe de estado separatista. Seguir en la senda de las concesiones solo alimentará la percepción de que el Estado es doblegable, que las instituciones pueden ser ninguneadas y la nación destruida.
La escenografía del encuentro en el que se simbolizó el acuerdo entre dos estados, uno en situación de debilidad y otro con aspecto emergente, “haciendo país” que diría Pujol, delata las intenciones de un ejecutivo que coloca a España como proyecto fallido frente al empuje separatista.
Un Torra satisfecho afirmaba “hemos hablado de todo” mientras que el silencio del ejecutivo otorgaba. ¿De qué han hablado secretamente a espaldas del Parlamento y de la Nación?, ¿del derecho de autodeterminación?, ¿de una secesión controlada? Mientras el desnortado Sánchez y el supremacista Torra juegan al puzle territorial, la espiral del enfrentamiento entre catalanes seguirá en aumento, la sociedad catalana se polarizará cada vez más entre los separatistas y aquellos que observan con horror la posibilidad de un futuro estado totalitario independiente regido por la segregación identitaria.
Podríamos decir, parafraseando a Gil Robles, que la mitad de los catalanes no se resignará a morir. Cuando el gobierno Sánchez caiga, tras desnaturalizar el sistema democrático con un ejecutivo sustentando por populistas y separatistas y sostenido por decretos, el panorama será aun más grave.
El PSOE podría perder su peso dentro de la política española tal y como le sucedió al partido socialista francés y en este sentido, el final de la hegemonía en Andalucía es la señal inequívoca de este proceso, pero lo verdaderamente grave será la situación en la que dejara España y que heredará el próximo gobierno, probablemente de centro-derecha, que tendrá que enfrentarse a una situación de no retorno y que requerirá acciones contundentes para mantener el Estado, la vigencia de la Constitución y la supervivencia de la Nación. Unas tareas que además deberá enfrentar en solitario, sin el apoyo de un PSOE en proceso de descomposición y por supuesto, con los populistas y los nacionalistas enfrente.
La incógnita se plantea sobre cuál será la estrategia que utilizaran Torra y los suyos cuando se produzca el cambio de gobierno, ¿una guerra a la eslovena o las movilizaciones “populares” al estilo de las primaveras árabes? En cualquiera de los casos, el “final de la escapada” se tiene que producir ya, los españoles nos jugamos mucho y podemos perderlo.

domingo, 4 de noviembre de 2018

Mocos de payaso


Al ver a ese supuesto cómico sonándose los mocos en ese “trapo” recordé como hace diez años enterraron a un compañero de promoción asesinado por ETA con ese mismo “trapo” cubriendo su ataúd.

La grave enfermedad que padece nuestra izquierda es que no se reconoce en su propia nación. Es un hecho único en el contexto occidental: unas elites de izquierda que niegan su carácter nacional y apoyan fervientemente a unos nacionalismos fraccionarios que buscan eliminar la nación común a pesar de que, como el separatismo catalán o vasco, se apoyan en postulados  abiertamente racistas y supremacistas y por lo tanto contrarios a los ideales que esa izquierda dice defender. Ni siquiera Lenin creyó en los nacionalismos, los utilizó eso si para destruir al régimen provisional pero una vez alcanzado el objetivo mantuvo la unidad nacional con mano de hierro.

Escudarse en la sacrosanta libertad de expresión es tan solo el intento de esconder su profundo odio por España y por los españoles que se sienten tales. Es el odio que le profesan  estos millonarios progres por lo que andan haciendo gracietas con los símbolos nacionales aunque jamás se sonarían los mocos o se limpiarían el culo con una señera o una ikurriña y no por falta de valor sino por algo peor, porque no les sale.

Y digo que lo de la libertad de expresión es una excusa porque cuando les han llovido las criticas se han quejado amargamente de… ¡la libertad de expresión de los demás!, algo así como cuando los escraches eran jarabe democrático hasta que fueron las victimas y el jarabe se tornó en aceite de ricino.  

Y siguiendo el guión establecido, los líderes locales de la progresía andan rasgándose las vestiduras por las declaraciones del Consejero de Educación y preocupadísimos por el crecimiento de esa derecha que ven representada en la bandera. Les salen ronchas cuando ven a alguien portar una bandera de España en su atuendo personal pero no levantan un dedo cuando sus aliados separatistas en el derribo de la Nación califican a los españoles de bestias con baches en el ADN.

Y es que para ellos, siguiendo una línea propia del falangismo, la patria son las pensiones, las ayudas sociales, la lucha contra los desahucios... Pero señoras y señores de la progresía, la patria no es eso, ni es el gobierno de turno, ni es el estado (que es una construcción político-administrativa), ni es el tipo de jefatura de ese estado, ni siquiera es la Constitución. La patria es la tierra de nuestros padres y el amor a esta es el amor a nuestros antepasados, a la fe de nuestros mayores que diría Machado.

A los noventayochistas les dolía España y a estos su nombre les produce ictericia. Señores progres no se queden solo con el Unamuno de la anécdota del enfrentamiento con Millán Astray y asuman que la mayoría de los ciudadanos de este país se reconocen en las palabras de ese vasco genial: “soy español, español de nacimiento, de educación, de cuerpo, de espíritu, de lengua y hasta de profesión y oficio, español sobre todo y ante todo”

martes, 16 de octubre de 2018

L'État, c'est moi


Se atribuye al Rey Luis XIV la famosa frase “el Estado soy yo” pronunciada ante unas Cortes francesas reticentes con los edictos presentados por el propio monarca. Existen discrepancias sobre la autoría y el contexto de la frase pero en cualquier caso lo que refleja de forma meridiana es el concepto absolutista de una Monarquía donde el resto de poderes están sometidos a la voluntad del soberano.

La última astracanada de Sánchez en el besamanos real no sería más que una simple anécdota protagonizada por un tipo ególatra que por esas carambolas de la política nos ha tocado padecer si no fuera porque ha demostrado unas evidentes tendencias autoritarias y megalómanas. Recuerden que Sánchez es el que en una de las pocas entrevistas que ha concedido como presidente y ante una genuflexa Ana Pastor llegó a recordarle a la entrevistadora hasta en nueve ocasiones que él es el Presidente del Gobierno, es el mismo  que utiliza los medios aéreos del Estado para darse pisto en eventos particulares, que se pasea por la 5ª Avenida neoyorquina en plan “resevoir dogs” o que se fotografía con gafas oscuras en el interior del Falcón emulando a Kennedy.

Pero la cuestión más grave es que a unas tendencias megalómanas les suelen acompañar ciertos rasgos autoritarios. Sus intentos reiterados de anular la función de contrapeso de instituciones constitucionales como el Senado (curiosamente la Cámara elegida en listas no cerradas) es una de esas pruebas evidentes de que no concibe el sistema democrático o los intentos de controlar los medios de comunicación públicos y privados a través de nombramientos y purgas en los de titularidad pública y mediante amenazas y el resurgimiento de órganos de control de contenidos como la CEMA para el caso de los privados.

Así que no les extrañe el episodio chusco del besamanos y que dado que Sánchez está ejecutando el programa político de Podemos (refuerzo del ejecutivo y debilitamiento del parlamento, control político de los medios de comunicación y aumento del gasto público y del control político de la economía) a su personalidad megalómana no le queda otra más que lucirse en las fotos, ser el niño en el bautizo, el novio en la boda y el muerto en el entierro.

jueves, 31 de mayo de 2018

…et pereat mundus



1979, en los carteles conmemorativos en blanco y negro aparecía un Pablo Iglesias con gorra y barba canosa y un joven Felipe González con las patillas teñidas por obra y gracia de Pilar Miro, su jefa de propaganda, en la esperanza de hacerle parecer mayor (en la sociedad española de aquel tiempo la experiencia era un valor). Entre ambos un lema “100 años de honradez y firmeza”. 

Dicen que el comunista Tamames al verlo apostilló: “100 años de honradez y 40 de vacaciones” en referencia a la inexistente oposición del PSOE durante el franquismo. Años más tarde, con el PSOE ya en el gobierno y aflorando la corrupción generalizada que caracterizó el periodo felipista, alguien lo parafraseó con sorna: “100 años de honradez y ni un minuto más”

La corrupción política es una más de las características propias de todos los sistemas políticos del mundo porque la corrupción está en la propia naturaleza humana y no existe ninguna sociedad libre de está, incluso en los mitificados países nórdicos la padecen (ahí está el espectacular crecimiento en los últimos años de los delitos por soborno en Suecia). La cuestión diferencial es el grado permitido, la actitud y voluntad frente a esta y los mecanismos con los que el propio sistema cuenta para atajarla. Todos los partidos tienen corruptos en su interior, las diferencias entre unos y otros están en su número y en la voluntad de los aparatos por apartarlos del poder.

La excusa de la sentencia del caso Gürtel con la que Sánchez quiere convertirse en presidente a cualquier precio incluso sin pasar por las urnas, es uno más de esos despropósitos que impregnan la vida política española de estos últimos años.

Utilizar una moralidad impostada por parte del máximo representante del partido más corrupto de la historia de España (con permiso de los Pujol) resulta un delirante ejercicio de cinismo difícilmente igualable. Que el partido que tiene a dos de sus últimos presidentes sentados en un banquillo junto con otra veintena de altos cargo socialistas (caso ERE) y en cuyo currículo constan hazañas que van desde el robo el oro del Banco de España y las pertenencias personales depositadas en las cajas de ahorro al saqueo del colegio de huérfanos de la Benemérita pasando por la financiación ilegal del partido a través de tapaderas como Filesa y todo ese cenagal en el que se convirtió el felipismo de “mihemano” resultaría hilarante si no fuera por el peligro que entraña este nuevo Frente Popular. Un Frente ya ensayado por su predecesor en ideas magnificas, ese tal Rodríguez Zapatero que anda ahora haciéndoles cucamonas a los tiranos bolivarianos.

En mitad de la mayor crisis institucional de nuestra reciente historia, con una comunidad autónoma en abierta rebeldía, al ínclito de Sánchez no se le ocurre otra cosa que derribar al gobierno valiéndose de una especie de amalgama de toda la radicalidad anticonstitucional e hispanofóbica que puebla el Hemiciclo con el único fin de mudarse a la Moncloa.

Los mercados ya nos están avisando de la factura que tendremos que pagar por esta ocurrencia pero parece ser que lo importante para Sánchez es ser presidente a toda costa aunque el mundo perezca en el intento.


domingo, 25 de marzo de 2018

Ahora, imaginen que es blanca

En un pueblo de Mississippi dos jóvenes blancos borrachos violan y torturan salvajemente a una niña negra de diez años a la que además intentan asesinar. Su padre decide tomarse la justicia por su mano y mata a los agresores. En medio de tensiones raciales, un joven abogado blanco tiene la difícil tarea de defender a este padre.
En su alegato final ante el tribunal pide a los miembros del jurado, compuesto por mujeres y hombres blancos, que cierren los ojos y que se imaginen lo que le sucedió a la niña, les va describiendo con detalle la violación, los sentimientos de la niña, que no podrá tener hijos porque ha perdido la matriz, su indefensión, su pérdida de la inocencia, su dolor y cuando los afectados miembros del jurado están a punto de echarse a llorar les dice “y ahora, imaginen que es blanca”.
La escena de “Tiempo de matar” describe a la perfección los prejuicios y la manipulación de quienes califican los hechos según quien los comete y no el hecho en sí.
Hace unos días un elemento de la extrema izquierda acabó, presuntamente, con la vida de un señor que lucía unos tirantes con los colores nacionales y lo hizo por la espalda, tal y como años antes había hecho con un policía local al que dejo tetrapléjico.
La reacción de los medios de comunicación de ámbito nacional ante este posible delito de odio con resultado de muerte ha sido tibia cuando no de ocultación deliberada. Si no hubiese sido por la prensa local de Zaragoza y las redes sociales, el crimen habría transitado sin repercusión mediática.
¿Cuál habría sido la reacción de estos biempensantes si el asesinado fuera de extrema izquierda y el asesino militase en Falange? ¿Qué repercusión habría tenido si la persona a la que rompieron el cráneo por la espalda y patearon la cara mientras agonizaba en el suelo hubiese sido un okupa?
Por supuesto los líderes políticos de la extrema izquierda que habían mostrado su apoyo a este individuo y su familia cuando dejó tetrapléjico al policía, léase Iglesias y Colau, han guardado silencio, como el anterior alcalde de Barcelona que llego incluso a premiar el documental que pretendía exculpar al salvaje.
Otros han utilizado las clásicas tácticas leninistas de la propaganda como Monedero cuestionando los motivos del asesinato o el propio Iglesias y su maniobra de distracción con lo del video de los tanques, táctica muy vieja que consiste en que cuando no puedes negar el crimen de uno de los “tuyos” inventas algo que distraiga la atención.
La extrema izquierda no es pacifica, el carácter mesiánico de su ideología considera a la violencia, parafraseando a Fanón, como la emancipadora de los oprimidos. Para muchos de estos, el fin justifica los medios. El 84% de los delitos por causas políticas cometidos entre el año 2007 y 2011 los protagonizaron grupos de extrema izquierda.
En los últimos años con la llegada de Podemos a las instituciones la actividad de estos grupos ha disminuido sabedores de que la estrategia de llevar la violencia a las calles les pondría en apuros ante la opinión pública, pero ahora la crisis separatista ha aumentado las agresiones hispanofobias. En España actualmente hay 241 grupos de extrema izquierda activos frente a los 55 de extrema derecha.
Hay quien cuestiona la juridicidad del delito de odio, para estos críticos los motivos para cometer un crimen no deberían influir en la calificación de un delito, pero la izquierda estaba encantada con esta figura jurídica con la que se pretendía terminar de imponer los discursos propios.
Pero al igual que en otras cuestiones, como el uso de las redes sociales para incentivar el odio, los artefactos jurídicos pueden utilizarse en una dirección y también en la contraria. La extrema izquierda recibe circunspecta su propia medicina. Habían llegado a creer que con el control de los medios y del discurso público habían conseguido acallar a la mayoría de la población y ahora asiste incomoda a la contestación de muchos que aún resisten.

martes, 27 de febrero de 2018

Si fuera por el PSOE, las mujeres no podrían votar



       
Durante una entrevista en TVE en noviembre del 2015, al inefable Pedro Sánchez le preguntaron por los posibles errores que habría cometido el PSOE a lo que respondió que uno de ellos había sido el no presumir de los logros conseguidos por su partido y puso como ejemplo el divorcio, aprobado por los socialistas en los tiempos de Felipe González.

Por supuesto la ley del divorcio no la aprobó un gobierno socialista sino el último de la UCD, con Calvo Sotelo al frente y  Suarez (el que había sido Secretario General del Movimiento) como presidente del partido y fue, como confesaría el propio Suarez, un proceso muy difícil por la oposición de ciertos sectores sociales. 

Vivir en una realidad paralela es una de las especialidades de la izquierda, la tergiversación, la ocultación o la simple mentira conforman ese mundo, aunque en ocasiones podría tratarse simplemente de ignorancia oceánica.

Hace unos días, nuestra diputada socialista Mayda Daoud afirmaba sin rubor: “Si fuera por el PP las mujeres aun no podríamos votar”. Una afirmación paradójica que me recuerda a aquella famosa frase de Lincoln “¿Cuántas patas tendría un perro si consideraras su cola como una pata? Solamente cuatro. Porque creer que la cola es una de ellas no la convierte en pata”.

Lo cierto es que el PP, aunque hubiese querido, no habría podido oponerse al voto femenino porque cuando se creó este partido la cuestión del voto estaba más que resulta con nuestra Constitución. Quizás nuestra diputada socialista quería referirse no al partido sino a la derecha política, a los cavernícolas que se oponen a todo lo bueno frente a esa izquierda que transita entre la bondad natural y la levitación trascendente.  Pudiera ser.

Pero si repasamos la historia, observaremos que a la izquierda española le importó una higa lo del voto femenino durante mucho tiempo preocupada como estaba por las reivindicaciones obreristas y descubriríamos que el primer intento de incluir el voto femenino en una Ley Electoral lo llevo a cabo el liberal Maura en 1908, o que el primero que concedió el voto a las mujeres (aunque con restricciones) fue el dictador Primo de Rivera a través del Estatuto Municipal de 1924. Cuando llega la Republica, la principal impulsora del voto femenino será la liberal Clara Campoamor que había abandonado Acción Republica por el recelo que provocaban sus aspiraciones feministas y que acabaría incorporándose al Partido Radical de Lerroux donde lograría el acta de diputada. El Partido Radical fue un partido republicano de centro que formó gobierno con la derecha católica cuando gano las elecciones en 1933.

En la discusión sobre el voto femenino, Clara Campoamor se tuvo que batir con la oposición de una gran parte de los electos incluidos las otras dos mujeres que habían obtenido acta, Margarita Nelken del PSOE y Victoria Kent del Partido Republicano Radical Socialista. Ambas votarían en contra de la igualdad de derecho al voto por considerar que las mujeres carecían de la suficiente preparación social y política para votar responsablemente. No fueron las únicas, muchos socialistas y diputados de izquierda estaban en esa opinión además de considerar que el derecho al voto femenino les podía perjudicar electoralmente. Tras la aprobación del voto en igualdad, el socialista Indalecio Prieto abandonaría el Hemiciclo contrariado mientras afirmaba que aquello había sido una puñada contra la Republica. 

Así que puestos a especular y teniendo en cuenta que este partido ya existía por aquellas fechas decisivas, podríamos afirmar que si fuera por el PSOE las mujeres aun no podrían votar, pero no seré yo el que lo haga porque lo que es un hecho objetivo es que los perros tienen cuatro patas y la bola de cristal es cosa de adivinos.

martes, 28 de noviembre de 2017

Nosotros, los entes

Dios mío, ¿Qué es España?” Se preguntaba un angustiado Ortega y Gasset allá por el 1914, años antes de alumbrar su magistral “España invertebrada”. Una lástima que el filósofo no haya vivido lo suficiente para conocer la solución a ese problema existencial y casi metafísico: España no es España, es una nación que no es nación pero que a pesar de no ser también tiene otras dentro, algo así como unos alíen, y también es plurinacional, muy plurinacional, con naciones a tutiplén aunque unas son históricas y otras no, no tienen historia, o sea que no existen más que en el presente pero tampoco del todo, solo a ratos, y también hay territorios raros así como de segunda, que no son nación pero si son parte de la nación española que cabe recordar, por otro lado, que en realidad no existe.
Pobre Ortega, toda la vida dándole al caletre y resulta que la respuesta era así de sencilla. Y se preguntaran ustedes ¿quiénes son las eminencias que han descubierto la esencia de España? Pues los de siempre, esa izquierda redentora que tiene solución para todo. Desde el ínclito Iglesias a la vieja gloria de Anguita pasando por el indefinido Sánchez auxiliado por el bachiller Montilla y algún que otro verso suelto como Cotarelo que anda ya por su tercer partido tras renegar de los anteriores (PSOE, Podemos y ahora Esquerra).
Iglesias lo tiene claro, España es una nación pero también lo son Galicia, País Vasco y Cataluña, el resto son sentimientos populares que no llegan a sentimientos nacionales, así que se quedan con las ganas (Andalucía, Valencia, Canarias…). Luego por debajo (esta gente es muy ordenada) están las “comunidades históricas” como Cantabria aunque como comunidad tenga una historia muy breve ya que durante siglos fue parte de Castilla. Con Navarra no sabe muy bien qué hacer y le parece algo así como un estado libre asociado. Murcia y La Rioja ni las nombra. Tampoco sabemos si Ceuta y Melilla son naciones, estados libres asociados, sentimientos u otras cosas del querer. Resulta curioso que en nuestro varias veces centenario escudo no aparezcan ninguna de estas naciones “de toda la vida”, si no recuerdo mal están representadas Castilla, Aragón, León, Navarra y Granada. Muy curioso.
En cuanto a Sánchez, este tira por derroteros similares, dice que “al menos” hay cuatro, lo que nos lleva a presuponer que a lo mejor hay más. Lo de las naciones es lo que tiene, un día te acuestas con cuatro pero te levantas y a lo mejor hay siete u ocho, depende del día de la semana. Eso sí, Sánchez no sabe definir muy bien lo que es una nación pero le gusta lo del sentimiento. A la izquierda le encanta eso de los sentimientos, cosa que hasta ahora pensábamos eran propio de los individuos pero se ve que no, que los territorios y los grupos también sienten. Yo particularmente me siento notario, así que espero que los poderes públicos solucionen mi grave problema identitario y me asignen una notaria.
En ayuda de esta pléyade intelectual ha acudido el filósofo-bachiller Montilla que no entra en lo de la nación ni cuantas hay pero lo que si sabe seguro es que Cataluña es más importante que Ceuta y Melilla, económicamente hablando claro. Yo los veo incluso más guapos.
Y por si todavía quedaban dudas, el Jordi Hurtado de la Izquierda, el imperecedero Julio Anguita, nos desvela que España no sabe si es nación, pero que si lo son Cataluña, Euskadi y Galicia y que haciendo un “requetequiero” también son nacionalidad histórica Andalucía, Aragón, Valencia y Baleares, y que incluso aceptando pulpo como animal de compañía, las demás comunidades también podrían ser consideradas “históricas” excepto, claro está, Madrid y Castilla-La Mancha. El disgusto que se va a llevar mi padre cuando se entere que Madrid no tiene historia, que no fue nunca parte de Castilla ni capital del Reino de España y que en realidad viven en Matrix. Y otro tanto para la Mancha, lo que confirmaría la teoría de que el Quijote no fue cosa de manchegos sino de un catalán de Barcino. Y por último, para D. Julio estamos los raros y extraños, los de Ceuta y Melilla que ni somos nación, ni nacionalidad, ni históricos, ni tenemos sentimientos ni na de na. Somos “entes” que según la RAE es aquello que existe o puede existir, lo que resulta un alivio ya que al menos reconoce que existimos, aunque por el tono más parece que cuando el prócer de la izquierda utiliza este término está pensando en la tercera acepción del diccionario: sujeto ridículo o extravagante.