Por supuesto la ley del divorcio
no la aprobó un gobierno socialista sino el último de la UCD, con Calvo Sotelo
al frente y Suarez (el que había sido
Secretario General del Movimiento) como presidente del partido y fue, como
confesaría el propio Suarez, un proceso muy difícil por la oposición de ciertos
sectores sociales.
Vivir en una realidad paralela es
una de las especialidades de la izquierda, la tergiversación, la ocultación o
la simple mentira conforman ese mundo, aunque en ocasiones podría tratarse
simplemente de ignorancia oceánica.
Hace unos días, nuestra diputada
socialista Mayda Daoud afirmaba sin rubor: “Si fuera por el PP las mujeres aun
no podríamos votar”. Una afirmación paradójica que me recuerda a aquella famosa
frase de Lincoln “¿Cuántas patas tendría un perro si consideraras su cola como una pata?
Solamente cuatro. Porque creer que la cola es una de ellas no la convierte en
pata”.
Lo cierto es que el PP,
aunque hubiese querido, no habría podido oponerse al voto femenino porque
cuando se creó este partido la cuestión del voto estaba más que resulta con
nuestra Constitución. Quizás nuestra diputada socialista quería referirse no al
partido sino a la derecha política, a los cavernícolas que se oponen a todo lo
bueno frente a esa izquierda que transita entre la bondad natural y la
levitación trascendente. Pudiera ser.
Pero si repasamos la
historia, observaremos que a la izquierda española le importó una higa lo del
voto femenino durante mucho tiempo preocupada como estaba por las
reivindicaciones obreristas y descubriríamos que el primer intento de incluir
el voto femenino en una Ley Electoral lo llevo a cabo el liberal Maura en 1908,
o que el primero que concedió el voto a las mujeres (aunque con restricciones)
fue el dictador Primo de Rivera a través del Estatuto Municipal de 1924. Cuando
llega la Republica, la principal impulsora del voto femenino será la liberal
Clara Campoamor que había abandonado Acción Republica por el recelo que
provocaban sus aspiraciones feministas y que acabaría incorporándose al Partido
Radical de Lerroux donde lograría el acta de diputada. El Partido Radical fue
un partido republicano de centro que formó gobierno con la derecha católica
cuando gano las elecciones en 1933.
En la discusión sobre el
voto femenino, Clara Campoamor se tuvo que batir con la oposición de una gran
parte de los electos incluidos las otras dos mujeres que habían obtenido acta,
Margarita Nelken del PSOE y Victoria Kent del Partido Republicano Radical
Socialista. Ambas votarían en contra de la igualdad de derecho al voto por
considerar que las mujeres carecían de la suficiente preparación social y
política para votar responsablemente. No fueron las únicas, muchos socialistas
y diputados de izquierda estaban en esa opinión además de considerar que el derecho
al voto femenino les podía perjudicar electoralmente. Tras la aprobación del
voto en igualdad, el socialista Indalecio Prieto abandonaría el Hemiciclo
contrariado mientras afirmaba que aquello había sido una puñada contra la
Republica.
Así que puestos a
especular y teniendo en cuenta que este partido ya existía por aquellas fechas
decisivas, podríamos afirmar que si fuera por el PSOE las mujeres aun no
podrían votar, pero no seré yo el que lo haga porque lo que es un hecho
objetivo es que los perros tienen cuatro patas y la bola de cristal es cosa de
adivinos.
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