martes, 27 de febrero de 2018

Si fuera por el PSOE, las mujeres no podrían votar



       
Durante una entrevista en TVE en noviembre del 2015, al inefable Pedro Sánchez le preguntaron por los posibles errores que habría cometido el PSOE a lo que respondió que uno de ellos había sido el no presumir de los logros conseguidos por su partido y puso como ejemplo el divorcio, aprobado por los socialistas en los tiempos de Felipe González.

Por supuesto la ley del divorcio no la aprobó un gobierno socialista sino el último de la UCD, con Calvo Sotelo al frente y  Suarez (el que había sido Secretario General del Movimiento) como presidente del partido y fue, como confesaría el propio Suarez, un proceso muy difícil por la oposición de ciertos sectores sociales. 

Vivir en una realidad paralela es una de las especialidades de la izquierda, la tergiversación, la ocultación o la simple mentira conforman ese mundo, aunque en ocasiones podría tratarse simplemente de ignorancia oceánica.

Hace unos días, nuestra diputada socialista Mayda Daoud afirmaba sin rubor: “Si fuera por el PP las mujeres aun no podríamos votar”. Una afirmación paradójica que me recuerda a aquella famosa frase de Lincoln “¿Cuántas patas tendría un perro si consideraras su cola como una pata? Solamente cuatro. Porque creer que la cola es una de ellas no la convierte en pata”.

Lo cierto es que el PP, aunque hubiese querido, no habría podido oponerse al voto femenino porque cuando se creó este partido la cuestión del voto estaba más que resulta con nuestra Constitución. Quizás nuestra diputada socialista quería referirse no al partido sino a la derecha política, a los cavernícolas que se oponen a todo lo bueno frente a esa izquierda que transita entre la bondad natural y la levitación trascendente.  Pudiera ser.

Pero si repasamos la historia, observaremos que a la izquierda española le importó una higa lo del voto femenino durante mucho tiempo preocupada como estaba por las reivindicaciones obreristas y descubriríamos que el primer intento de incluir el voto femenino en una Ley Electoral lo llevo a cabo el liberal Maura en 1908, o que el primero que concedió el voto a las mujeres (aunque con restricciones) fue el dictador Primo de Rivera a través del Estatuto Municipal de 1924. Cuando llega la Republica, la principal impulsora del voto femenino será la liberal Clara Campoamor que había abandonado Acción Republica por el recelo que provocaban sus aspiraciones feministas y que acabaría incorporándose al Partido Radical de Lerroux donde lograría el acta de diputada. El Partido Radical fue un partido republicano de centro que formó gobierno con la derecha católica cuando gano las elecciones en 1933.

En la discusión sobre el voto femenino, Clara Campoamor se tuvo que batir con la oposición de una gran parte de los electos incluidos las otras dos mujeres que habían obtenido acta, Margarita Nelken del PSOE y Victoria Kent del Partido Republicano Radical Socialista. Ambas votarían en contra de la igualdad de derecho al voto por considerar que las mujeres carecían de la suficiente preparación social y política para votar responsablemente. No fueron las únicas, muchos socialistas y diputados de izquierda estaban en esa opinión además de considerar que el derecho al voto femenino les podía perjudicar electoralmente. Tras la aprobación del voto en igualdad, el socialista Indalecio Prieto abandonaría el Hemiciclo contrariado mientras afirmaba que aquello había sido una puñada contra la Republica. 

Así que puestos a especular y teniendo en cuenta que este partido ya existía por aquellas fechas decisivas, podríamos afirmar que si fuera por el PSOE las mujeres aun no podrían votar, pero no seré yo el que lo haga porque lo que es un hecho objetivo es que los perros tienen cuatro patas y la bola de cristal es cosa de adivinos.

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