viernes, 30 de diciembre de 2016

El año de la marmota

       

      En el despertador sonaba por enésima vez la canción de Son & Cher y Bill Murray se despertaba con la certeza de que el nuevo día era una repetición del anterior y así hasta la nausea. Por mucho que intentaba modificar el resultado, incluso machacando el dichoso despertador, el día seguía repitiéndose hasta que finalmente se redimía gracias al amor verdadero y lograba salir del bucle. La película se titulaba “El Día de la Marmota” aunque en España la rebautizaron con el revelador “Atrapado en el tiempo”. Pues este año que ahora termina ha sido como lo de la famosa marmota, pero en versión extendida.
En lo nacional (con perdón) hemos vuelto a votar para obtener un resultado similar y cuando por fin se ha formado gobierno han vuelto a lo de siempre, al tancredismo de Rajoy, a la enésima subida de impuestos del nosferatu Montoro y a la vicepresidenta creciéndole las ínfulas y encaprichándose del antiguo despacho de Carrero Blanco mientras hace de Cánovas con la pasta camino de Barcelona para contentar a los separatistas. ¿Y el resto? Pues más de lo mismo, los podemitas en sus podemiteces, los socialistas esperando a Godot y los de ciudadanos cazando moscas. Y Aznar, como en “Crónica de una muerte anunciada” huyendo de un PP que ya no se reconoce ni a sí mismo.
     ¿Y en Ceuta? La ciudad aparece detenida, sin pulso, en uno de sus peores momentos desde aquellos lejanos noventa que propiciaron la llegada de los gilistas. Las pequeñas empresas se hunden ayudadas por el excepcionalísimo de los quinientos euros (las risas de los empresarios allende Algeciras son inmensas) mientras crece el negocio del comercio “atípico” y unas pocas familias se reparten la ciudad.
El desempleo no parece dispuesto a disminuir y los planes de empleo son ya definitivamente la versión ceutí de los inoperantes PER. Hacienda les busca las vueltas a los funcionarios. La frontera es un caos continuo, con largas horas de espera que terminaran por apuntillar a un comercio que aguarda expectante al turista marroquí que se desespera en los controles.
La inseguridad sigue en sus trece a pesar de los denodados esfuerzos de las policías, lo que ha provocado un hecho insólito en la ciudad: una concentración numerosa sin apoyo partidista o sindical y sin que repartieran arroz o mejillones. En radicalización seguimos presentes y hay quien nos sitúa como la cuarta ciudad de Europa. La inmigración subsahariana vuelve a los grandes saltos en esa especie de tarjeta de presentación con la que el vecino nos recuerda que está ahí.
Los progres locales, buscomes y resto de demagogos siguen fustigándonos con su corrección política, certificando que todo el mundo es malo, racista y machista, todos menos ellos claro, aunque alguno derrotaba hacia los burladeros no hace mucho (hasta que se cayó del  caballo como el de Tarso). Nuestra clase política se sigue cooptando entre lo más granado  de nuestra sociedad sobre la base del merito y la capacidad e incluso hemos tenido una diputada en el plan de empleo con video-sefie incluido y otra que ha hecho un “bescansa” (llevarse al niño al curro).
Los ciudadanos siguen practicando el patinaje artístico sobre pavimentos. Los helicópteros siguen sin alzar el vuelo a pesar de los impulsos…

      Así que no les extrañe que la marmota no se atreva a asomar mucho la gaita mientras los demás hacemos como los músicos del Titanic que tocaban el violón como si el desastre no fuera con ellos.


* Publicado en el Anuario 2016 del diario El Faro de Ceuta       

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