domingo, 3 de enero de 2016

Artículo publicado en el Anuario 2015 de El Faro de Ceuta

El mundo sigue

                Continuidad y cambio. Como en “El mundo sigue”, la película maldita de Fernando Fernán Gómez en la que se describe la vida de un barrio en los años sesenta, nuestra ciudad permanece sujeta a las mismas dinámicas y a los mismos problemas, año tras año, década tras década, a pesar de que los actores de la tragedia pretenden su cambio. El lector ojeará este anuario y le costará encontrar diferencias significativas con respecto al del pasado año o al de años anteriores. Parecidos titulares, iguales carencias, mismos deseos, mismas voces. 
               La frontera y su caos perpetuo siempre en constante resolución pero siempre irresuelto. Los polígonos tercermundistas. El tráfico de personas, la inmigración irregular y su presión que no cesa. El runrún de las navieras y los límites a la movilidad. El desempleo como forma de vida generacional. Las diferencias sociales que no remiten. La ciudad segregada. La economía subsidiada y sumergida. Los recelos en la convivencia y la victimización como arma arrojadiza. La ciudad estereotipada y exótica en los medios de comunicación nacionales. Los indicadores de seguridad siempre en descenso pero siempre por encima de la media. La educación estancada. La radicalización que avanza…
                Incluso en algunas cuestiones, como las de tipo político local, apenas ha habido cambios a pesar de que las apariencias pudieran ofrecernos una visión contraria. La caída de los populares era una tendencia ya apuntada hace cuatro años, la situación de no despegue de Caballas deriva de su propia fundación y se mantienen en el tiempo, e incluso el auge de nuevos partidos étnicos es un ritornelo de los viejas dicotomías políticas que se pretendían superadas. Más preocupante para la pervivencia de la ciudad son los procesos que ya se iniciaron hace unos años y a los que se prestó escasa y equivocada atención: la radicalización de una parte de nuestra ciudadanía, algo que sin duda tiene ya consecuencias sociales como la perdida de capital social basado en la confianza mutua y que acarreará una profundización en los problemas de convivencia latentes. Un abordaje de este problema que ha basculado desde el amarillismo de los medios de comunicación nacionales al “aquí no pasa nada” de la oficialidad. Diferentes visiones de las relaciones sociales que aparecen sorpresivamente gracias a las predicas ultraconservadoras de ciertos líderes y cuya contestación es el recurso a la islamofobia. Todo confuso. Interesadamente confuso en una sociedad con problemas de identidad. Unos problemas que nos han llevado al ridículo de negar nuestra propia historia y pasar de puntillas por el aniversario de la toma de Portugal entre la indiferencia de muchos y el uso interesado de líderes que buscan, en una pirueta circense, su identificación con los moradores previos a la llegada lusa en el convencimiento de que eso les hace mas legítimos ciudadanos que al resto.
                Asuntos difíciles de resolver que por desgracia se mantienen a lo largo del tiempo y que seguramente permanecerán en igual situación el próximo año cuando el lector acuda al anuario de El Faro del año 2016 y se encuentre parecidos titulares, iguales carencias, mismos deseos, mismas voces…

                Y disculpen el pesimismo navideño. 

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