El mundo sigue
Continuidad
y cambio. Como en “El mundo sigue”, la película maldita de Fernando Fernán
Gómez en la que se describe la vida de un barrio en los años sesenta, nuestra
ciudad permanece sujeta a las mismas dinámicas y a los mismos problemas, año
tras año, década tras década, a pesar de que los actores de la tragedia pretenden
su cambio. El lector ojeará este anuario y le costará encontrar diferencias significativas
con respecto al del pasado año o al de años anteriores. Parecidos titulares, iguales
carencias, mismos deseos, mismas voces.
La frontera y su caos perpetuo siempre
en constante resolución pero siempre irresuelto. Los polígonos tercermundistas.
El tráfico de personas, la inmigración irregular y su presión que no cesa. El
runrún de las navieras y los límites a la movilidad. El desempleo como forma de
vida generacional. Las diferencias sociales que no remiten. La ciudad
segregada. La economía subsidiada y sumergida. Los recelos en la convivencia y
la victimización como arma arrojadiza. La ciudad estereotipada y exótica en los
medios de comunicación nacionales. Los indicadores de seguridad siempre en
descenso pero siempre por encima de la media. La educación estancada. La
radicalización que avanza…
Incluso
en algunas cuestiones, como las de tipo político local, apenas ha habido
cambios a pesar de que las apariencias pudieran ofrecernos una visión contraria.
La caída de los populares era una tendencia ya apuntada hace cuatro años, la
situación de no despegue de Caballas deriva de su propia fundación y se
mantienen en el tiempo, e incluso el auge de nuevos partidos étnicos es un ritornelo
de los viejas dicotomías políticas que se pretendían superadas. Más preocupante
para la pervivencia de la ciudad son los procesos que ya se iniciaron hace unos
años y a los que se prestó escasa y equivocada atención: la radicalización de
una parte de nuestra ciudadanía, algo que sin duda tiene ya consecuencias sociales
como la perdida de capital social basado en la confianza mutua y que acarreará
una profundización en los problemas de convivencia latentes. Un abordaje de
este problema que ha basculado desde el amarillismo de los medios de
comunicación nacionales al “aquí no pasa nada” de la oficialidad. Diferentes
visiones de las relaciones sociales que aparecen sorpresivamente gracias a las
predicas ultraconservadoras de ciertos líderes y cuya contestación es el
recurso a la islamofobia. Todo confuso. Interesadamente confuso en una sociedad
con problemas de identidad. Unos problemas que nos han llevado al ridículo de
negar nuestra propia historia y pasar de puntillas por el aniversario de la
toma de Portugal entre la indiferencia de muchos y el uso interesado de líderes
que buscan, en una pirueta circense, su identificación con los moradores
previos a la llegada lusa en el convencimiento de que eso les hace mas
legítimos ciudadanos que al resto.
Asuntos
difíciles de resolver que por desgracia se mantienen a lo largo del tiempo y
que seguramente permanecerán en igual situación el próximo año cuando el lector
acuda al anuario de El Faro del año 2016 y se encuentre parecidos titulares,
iguales carencias, mismos deseos, mismas voces…
Y
disculpen el pesimismo navideño.
No hay comentarios:
Publicar un comentario