“El
patriotismo no es una bandera”, aseguran campanudos en el día de la Hispanidad
los cachorros y cachorras (aunque estas son incorrectamente pocas) del circulo
podemita ceutí (http://www.ceutaldia.com/content/view/109571/63/). El manifiesto de estos santones de la dignidad recalca su
rechazo al patriotismo y a la bandera ya que la utilizan los peperos y otros
poderes facticos que han hecho más pobre a nuestra sociedad y han recortado
derechos a los ciudadanos. No solo relacionan al gobierno que solo gobierna
para unas minorías con el patriotismo reprobable, también lo hacen con la CEOE
y su fomento del empleo precario, rematando el escrito con un apocalipsis sobre
no se qué de unos amos y unos esclavos sedientos.
Pero queridos
camaradas, una cosa es la patria y otra el gobierno. Los gobiernos vienen y
van, como las formas políticas del estado, pero la patria queda. El patriotismo
es según la primera acepción de la RAE, el amor a la patria y esta es, la “tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente
ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos”. Sentir
amor a la patria no tiene que ver con la eficacia del gobierno de turno o con
la cercanía a la ideología del poder imperante en ese momento, de igual forma
que el uso de la enseña nacional supera las contingencias políticas porque
representa a la nación, es un símbolo, o sea, es una representación perceptible
de una realidad, por lo que esta bandera representa a la nación española, la de
ayer, la de hoy y la del mañana. Uno por ejemplo, se ha sentido igual de
patriota cuando gobernaban los tardofranquistas de UCD, los corruptos
felipistas, o la derecha actual corrompida o sin corromper e incluso con los
podemitas que ya están demostrando su gusto por el nepotismo.
Resulta significativo que estos materialistas observen que la
patria tiene que ver con la eficacia del gobierno o con su tendencia política
haciendo gala de un pensamiento utilitarista muy alejado de la imagen de
idealismo que pretenden transmitir.
El artículo 2 de la primera constitución liberal, la de 1812,
rezaba: “La nación española es libre e
independiente, no es ni puede ser patrimonio de ninguna familia ni persona”.
Así que independientemente de quien ejerza el poder y de la eficacia de su
gestión, uno puede sentir amor por su patria y sus símbolos. Y ya puestos, ya
que esta formación política se alimenta ideológica y materialmente del actual
régimen venezolano, debería aprender de sus ciudadanos. En Venezuela nadie
reniega de su bandera ni de su patria, ni crítica el patriotismo, da igual que
defienda el régimen populista de Maduro o que se oponga a él, la patria y la
bandera están por encima y son de todos.
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